lunes, 2 de enero de 2012

Propósitos

Matemos la mirada tranquila,
terminemos los discursos solemnes,
martirizemos al Gran Hermano
que de solemnidades y tranquilidad
tenemos calles llenas de pérdida,
mares de almas a la deriva.

Cultivemos lo distinto
brindemos al son de cada ritmo,
dancemos al compás de todas las vidas
que de vidas vida
que de procesiones nuevos senderos

miércoles, 18 de mayo de 2011

De flamas ocultas

Si seguir el camino amarillo me ha traído hasta aquí,
si de todos los caminos que llevan a Roma tuve que escoger el que más marea,
si esta cometa no encuentra brisa que la pueda alzar...
cerrar los ojos y respirar la increíble simpleza del desahucio de la vida
provee el motor de ansiar la trama más que el desenlace,
porque al caer la venda que precipita el desengaño de esta existencia,
caigo a la realidad que por tanto rehuí..
pero una pequeña llama aunque escondida entre las sombras se esconde
no puede arrancar su destino,
nos atrae como moscas hacia lo inexorable.

Pamela Hernández

sábado, 26 de marzo de 2011

Pinceladas

Y después de todo
¿qué es la vida
sino un cúmulo de pinceladas abstractas,
sin previo anuncio ni sentido?

De sinsentidos

Especias desfiguradas,
frases entrecordas,
enigmas sin misterio.
Tu lúgubre sendero iluminado
refleja mi semblante agobiado...
palabras que sobran
en un remolino sinsentido,
en tu rumbo perdido
mi Luna sigue la sombra
que algún día llevó la marca
de lo que nunca será.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Pasos nocturnos


De la Luna los lunes,
y de lunes, lunáticos.
Y que de este lunático
con quien me tope huyendo de un lunes,
en su andar avanzando estático, de noche lo alcanzo
la luna llena
y en esa claridad para el enceguecedora,
Tropezó de pronto y sin querer...
con la vida.
Que tonto loco lunático
que a esas horas de luna llena de un lunes
del que huyendo se encontró desprevenido a la vida...
y no la sobrevivió.

Pamela Hernandez V.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Circo de la Mariposa (1a parte) subtitulada The Butterfly Circus

Poesía 1

Enrique Valdés

En qué lugar de la memoria habitas
música, poesía. Ausencia
de lo que alguna vez tuvimos.
Pero no era verdad. Ahora
es la música
quien te devuelve a esta página.
Poesía

¿Vuelves...?

                   Carlos Cortínez

Vuelvo, vuelvo bajo el árbol
que detuvo tu rostro
cuando caía el otoño.

Vuelvo, vuelvo al otoño
de un país sin memoria,
a repetir las palabras
que se fueron con las hojas.

A rescatar con las hojas
las memorias y los rostros,
la detenida palabra
que algún día fue otoño.

martes, 28 de septiembre de 2010

Final

                      Enrique Valdés

La poesía dice ¿cómo estás?
y abre la puerta.
La música preguna ¿cómo estás?
y abre la puerta.
Estoy sordo, apenas siento
el canto de los pájaros.

Tú dices cómo estás
y abres la puerta.
La muerte dice ¿cómo estás?
y se cierra la puerta

domingo, 26 de septiembre de 2010

La mujer gaviota

La primera -y en realidad única vez que la vi- estaba sentada en la Plaza de Libertad de Prensa en Concha y Toro.
Era una mañana común, así como lo era mi cansancio, aquel que me llevó a pausar mi día en el instante en que la ví.
Tan fuera de lugar, tan poco cómoda. La expresión me era conocida, entre tanta paloma aquella mujer tenía un parecido, pero a qué, a quién. Y mi cabeza surcaba los pasadizos de la memoria buscando el símil encontrado, y de pronto... lo supe, ella era la mujer gaviota. Era un todo. Su rostro evocaba esa mezquindad a pesar de la vastedad del océano, la que en ese momento le mostraba a las palomas que la agobiaban, su pelo lunarizado con tramas blancas y negras, su nariz, estaba allí para recordar que no cabía duda alguna, y la simpleza de su mirada, esa simpleza sólo la reconoce quien ha hecho del mar su nido, de esa libertad su punto de partida, y esa inocencia que la edad no le ha quitado.

Aquella mujer en ese instante hizo que en ese mismo mes, volviera a mi océano anhelado.

Por cierto, en el momento que se dio cuenta de mi interés en su presencia, tomó sus alas y desapareció, sin complicaciones. He vuelto al lugar, nunca más la encontré. Aún pienso que todo sería más fácil si fuera también gaviota.

Pamela Hernández V.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Libertad

Encadenado a la galera
sigues remando
hacia tu naufragio.
El verdugo
te recuerda que debes remar
al son del tambor.
Lo que el verdugo no sabe
es que decidiste naufragar

                       de Luis Zaror

Las Palabras

He aquí el poema.
No tengo qué decir. No queda nada
en el vacío tintero del poeta.
He aquí que soy la jaula:
una armazón de sangre y huesos
y arterias recorridas por palabras.

Y son lo que ellas quieren
decir desde que existen,
con más edad que yo
con mucho más
significado.

Me llevan este cuerpo
ausente de decires,
y soy lo que ellas mienten:
Todas estas historias
mezcladas a mi historia,
y yo que nada tengo que decir
escribo sin saber si existe quien escribe
o son voces extrañas
las que roban mi ser.

                                 Enrique Valdés

miércoles, 15 de septiembre de 2010

De ahogos y encierros voluntarios

Qué odisea la vida
Que si la vida es sueño,
que si ser o no ser,
que si los molinos de viento
son gigantes al acecho del ataque
que si la vida... es vida.

A dónde me llevará este encierro
dónde acabaré tras la huella
de una sombra que no respira
de un andar que no ha sido trazado,
de un estigma que no carga
sino con la luz del poste que cruza mi ventana
pero no veo esta luz,
no alcanzo su trayectoria,
alguien me pone las gafas de sol
no entiendo, la luz no me encandila.
Sé que he cargado con sombras de otras vidas,
las acarreo, arrastro, me siguen, absorben,
traspaso sus fugas
limito su espacio,
esconden el mío,
sacuden mi existencia.
Y después de todo..
qué respiro?

Las he dejado entrar,
las añoré y hoy son mi amorío
enterré esas añoranzas al olvido
hoy han olvidado señalarme el camino.

Desgarrados memoriales
de confianzas rotas
de milagros oscuros
y estampas que marcan milímetro a milímetro
el correr de la sangre en mis venas,
que duelen, que hielan el alma
esta alma que aunque fría, arde,
mientras a la vida se acerca.

Vida que te me escapas
entre ahogos y encierros
vida que te vivo entre páginas vacías
de capítulos que no quieren escribirse
quiero contarte que aunque distante
te conozco

13/09/2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

De Cecilia Vicuña

Qué se guarda en los desvanes de los ríos?


Los desvaríos

Caminante

Apaga ese acelerando andar caminante
que para caminante no hay camino
que se hace camino al andar
y no es errado el esquivar la marcha
por recuperar en la nada el sendero

lunes, 26 de julio de 2010

De ráfagas

Ráfaga de terrorífica existencia
dime por qué rondas
mis desnivelados caminos,
por qué te empeñas en penetrar
mis recónditos agujeros
para perderte entre sus laberintos?

Por qué insistir
en alcanzar la luna llena
cuando en el intento
resbalas en su menguante
y mis brazos
no alcanzan a cobijarte?

martes, 13 de julio de 2010

Elogio de lo inútil


Mario Bunge

Ya había promediado la redacción de esta nota cuando me llegó una invitación de la Universidad de Salamanca par asistir a un acto académico en el que el doctor José María Cerveró Santiago, catedrático de Física Teórica, disertaría precisamente en defensa de lo inútil. Esta coincidencia no lo es tanto porque también yo soy físico teórico y, como el colega salmantino, sé que algunos de los resultados más hermosos de la física, tales como la teoría de Einstein del campo gravitatorio y la teoría cuántica del campo electromagnético, son casi inútiles. O sea, no sirven, por ahora, "nada más" que para entender algunos aspectos de la realidad.
Hace poco, respondiendo a la inevitable pregunta de un estudiante, "¿para qué sirve eso?", le contesté: "Para nada. ¿No le parece admirable que haya gentes que se dan el lujo de preferir cosas hermosas e ideas profundas a artefactos ingeniosos pero, a la postre, superfluos o incluso dañinos, tales como los automóviles acorazados?"
Nuestros primos los monos antropoides no llevan joyas. Tampoco las llevaban nuestros antepasados remotos. Las primeras joyas datan de hace menos de 50 mil años. Las primeras pinturas rupestres, tales como las de Altamira y Lascaux, son aún más recientes. Las mujeres no empezaron a acicalarse sino hace unos pocos miles de años, especialmente en el antiguo Egipto. Los primeros museos de arte y jardines botánicos datan del Renacimiento tardío. Y los salones de belleza fueron inventados hace poco más de un siglo. La técnica precede al arte, como la utilidad a la belleza.
¿Para qué sirve saber que hay infinitos números primos, que las distancias entre las galaxias están aumentando, que los hombres de Neanderthal fueron reemplazados por los de Cromañón y que las cabezas de éstos eran mayores que las nuestras? Para nada. ¿Qué utilidad tiene una sinfonía de Beethoven, una pintura de Velázquez o un relato de García Márquez? La misma que las joyas, las ropas elegantes, los teoremas matemáticos o los hallazgos paleoantropológicos. O sea, ninguna.
No se busca la verdad ni la belleza por sí mismas a menos que se haya asegurado el sustento: Primum vivere, deinde philosophari. Pero no se es plenamente humano a menos que se aprecien la verdad y la belleza por sí mismas. O sea, a menos que se ame lo inútil que emociona o que hace pensar, sin esperar recompensa material alguna.
Sin embargo, la diferencia entre lo útil y lo inútil puede ser transitoria. Hace medio siglo, cuando Francis Crick y James Watson descubrieron el llamado código genético, supieron que con ello la biología molecular alcanzaba la mayoría de edad y que a partir de ese momento se desarrollaría con el vigor y la rapidez propias de una ciencia joven. Pero no sospecharon que pocas décadas después también nacería toda una industria fundada sobre esa ciencia, ni que uno de ellos, Watson, haría fuertes inversiones en dicha industria (Crick, en cambio, siguió ocupándose de temas inútiles, tales como el origen de la vida y la naturaleza de la psiquis).
Otro de mis ejemplos favoritos es el de Apolonio, el primero en describir las secciones cónicas: elipse, parábola e hipérbola. Estas curvas son hermosas pero no fueron utilizadas hasta el siglo XVII, cuando Galileo se sirvió de la parábola para describir la trayectoria de una bala, y Kepler usó la elipse para describir la órbita de un planeta. El efecto fotoeléctrico, descubierto hace poco más de un siglo, encantó a los físicos porque no depende críticamente de la intensidad luminosa sino de la frecuencia. Durante mucho no sirvió sino para despertar o satisfacer la curiosidad. Eventualmente, a un ingeniero se le ocurrió utilizarlo para abrir y cerrar circuitos eléctricos al paso de una persona. Desde entonces no hay ascensor, escalera mecánica ni máquina-herramienta sin célula fotoeléctrica. Además, la explicación del efecto le valió a Einstein la mitad de su Premio Nobel. Obtuvo la otra mitad por explicar el movimiento browniano como efecto de choques moleculares. Esta fue otra hazaña que no tuvo repercusiones prácticas sino muchos años después.
Ayer, un estudiante me anunció que alguien está pensando en privatizar la astronomía. ¡Qué gran idea! Si alguien comprara un observatorio astronómico iría pronto a la quiebra, con lo que mostraría al gran público que hay objetos sagrados fuera de los templos. Entre esos objetos figuran la ciencia básica, las humanidades y las artes. Estas tres vestales son sagradas porque son patrimonio de la humanidad y porque quien intenta sacar utilidad inmediata de ellas las ensucia y se ensucia.
Lo que pasó con el arte bajo los regímenes autoritarios es elocuente: fue estatizado y, con ello, corrompido. Por ejemplo, en la Unión Soviética la exigencia de atenerse a los preceptos del llamado realismo socialista, que es una versión del utilitarismo, limitó la imaginación de los escritores, artistas plásticos y músicos. Por cierto que siguió habiendo artistas originales, pero no gozaron de apoyo estatal y sus obras no se incorporaron al bien común.
En resumidas cuentas, no exijamos que todo lo que hagamos tenga una utilidad inmediata. Basta que sean buenas, basta que nos ayuden a gozar de la vida. Al fin y al cabo, la búsqueda y el goce de lo inútil distinguen al ser humano de sus parientes de otras especies. Por esto propongo este nuevo nombre para nuestra especie: Homo inutilis.

lunes, 28 de junio de 2010

Las causas

                           Borges

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta de Adán.
El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe de tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran

De "El libro de las máquinas"

                              Butler, 1982

Si todas las máquinas fuesen aniquiladas en un instante, de tal modo que no le quedase al hombre ni un cuchillo, ni una palanca, ni un harapo de sus vestidos, nada en absoluto más que su cuerpo desnudo, tal como llegó a este mundo; si toda su ciencia de las leyes mecáncias; si todos los alimentos hechos por procedimientos mecánicos fuesen destruidos, de modo que la raza humana quedase como desnuda en una isla desierta: entonces desaparecerían en seis semanas. Unos pocos individuos quizá prolongarán algo su miserable existencia; pero hasta ésos, al cabo de un par de años, habríanse convertido en algo peor que monos. El alma misma del hombre se debe a las máquinas, está hecha a máquina. Piensa lo que piensa, siente lo que siente, merced a los cambios que las máquinas han operado en él, y la existencia de aquéllas es un sine qua non para la suya, lo mismo que depende de su vida la de ellas. Este hecho nos impide proponer la aniquilación completa de toda maquinaria, mas indica ciertamente que deberíamos destruir todas aquellas máquinas a que nos fuera posible renunciar, para evitar que nos dominen aún más tiránicamente.